Preferiría no abrir los ojos, porque sabía que es aun peor. Pero era algo inevitable, ¿o no? ¿Qué mas da? Son ese tipo de preguntas que llevan a otras y desvían el tema para olvidar lo que sucedía en un principio. Como siempre...
Amargor, que es como había empezado el día.
No llegaba al punto de ser desagradable como para levantarse de la cama, pero sí como para cambiar el gesto de la cara, incluso cuando uno duerme. Se podría comparar a cuando uno mastica una aspirina en vez de tragársela. Pero ni había bebido la noche anterior, ni había desayunado aun. Probablemente era sólo un mecanismo de defensa del cuerpo, un aviso de lo que iba a deparar el día.
Abrir los ojos no fue más agradable. Polvo y pelusa hacían notar la dejadez de semanas en mi habitación. Los recuerdos se iban desvaneciendo como el humo de un cigarro liado cerca de una ventana abierta. Sabía qué había sido, como casi todas las semanas, pero prefería obviarlo y darme la vulta en la cama. Como siempre...
Un domingo es para disfrutarlo, o por lo menos eso creía antes de perderlo todo, hace ya unos años. Ahora sólo servía para ver cómo las horas de luz se iban escondiendo en la retaguardia hasta que la oscuridad del crepúsculo se adentre en la vanguardia. Nada más. Palabrería barata para decir que pierdo el tiempo en la soledad de mis horas, con las pelusas a las que únicamente les falta tener nombre para acabar perdiendo la cordura.
A veces me pregunto si el término era "Babel" o "Papel", pero era muy pequeño, y mi comprensión lingüística era muy limitada. Además, poco después comenzó a aparecer "el vacío" mediatizado por noches y más noches de juergas. Así que nunca tuve tiempo de preguntarle ni cómo era verdaderamente ni la epistemología del término. Sólo me queda aquel maldito recuerdo, que me atormenta cada poco y me avisa de que la historia suele repetirse, sobre todo para los que son débiles de mente.
Amargor.
No era un presagio, era un toque de atención en pro de los recuerdos por lo que se tuvo y nunca se volverá a tener. Una llamada a la desesperación. Un "¿Qué cojones haces aquí todavía, si eres un vestigio, payaso?". Pero hablar con uno mismo es algo que ya había quedado atrás (¿o quizás algo cíclico?), y uno busca mirar hacia adelante sin ver luz en una cueva. Había que hacer algo a la desesperada. Pero romper el muro de la pena y la vergüenza era algo que me iba a costar demasiado.

